01La pregunta que abre esta reflexión
Durante años nos dijeron que el futuro del trabajo sería más flexible.
Que podríamos trabajar desde casa.
Que ahorraríamos tiempo de traslado.
Que podríamos estar más cerca de nuestra familia.
Que la tecnología nos permitiría trabajar desde cualquier lugar.
Y, en muchos sentidos, eso ocurrió.
Pero hay una parte de esta transformación que me interesa especialmente. Porque trabajar desde casa no solamente cambió dónde trabajamos. También empezó a cambiar cómo se mide nuestro trabajo, cómo se supervisa, qué información se recopila sobre nosotros y, cada vez más, qué papel tienen los algoritmos y la inteligencia artificial en las decisiones laborales.
Y entonces aparece una pregunta que va mucho más allá del home office:
02Del traslado a la casa
Después de la pandemia, muchas personas descubrieron algo que antes parecía imposible: podían trabajar sin estar físicamente en una oficina.
Pero el trabajo remoto no terminó sustituyendo a la oficina.
Trabajo completamente remoto en México en 2024 (bajó de 12.4% en 2023)
Esquemas de trabajo híbrido — el modelo que más creció
Datos de Pluxee sobre esquemas laborales en México
Es decir: el futuro no parece ser necesariamente una oficina vacía. Parece ser algo más complejo. Una combinación de oficina, casa, plataformas digitales y conexión permanente.
Y eso importa porque cuando el trabajo entra a la casa… la frontera entre trabajo y vida también puede comenzar a desaparecer.
03Porque una casa no es una oficina
Una oficina está diseñada para trabajar. Una casa no.
En una casa puede haber:
- niñas y niños;
- personas mayores;
- enfermedad;
- comida;
- limpieza;
- compras;
- tareas escolares;
- citas médicas;
- problemas familiares.
Y una cantidad enorme de actividades que casi nunca aparecen en una descripción de puesto.
Aquí aparece un concepto que necesitamos recuperar: el trabajo de cuidados.
Cuidar no solamente significa alimentar o bañar a alguien. También significa:
- organizar;
- anticipar;
- recordar;
- planear;
- resolver;
- estar pendiente.
Por ejemplo:
- saber que mañana hay que comprar medicamentos;
- recordar que una persona tiene una cita;
- preparar lo que alguien más necesitará.
Y buena parte de ese trabajo ha recaído históricamente sobre las mujeres.
Por eso el home office puede producir una contradicción. La persona puede haber eliminado una hora de traslado… pero esa hora no necesariamente se convierte en descanso. Puede convertirse en:
- cuidado;
- trabajo doméstico;
- acompañamiento;
- disponibilidad para resolver problemas familiares.
Y entonces tenemos una primera ecuación:
04Flexibilidad no es lo mismo que conciliación
Y esto es importante porque el teletrabajo no es necesariamente negativo. Puede:
- facilitar la participación laboral de personas que antes tenían mayores barreras para desplazarse;
- reducir tiempos de traslado;
- ofrecer mayor autonomía;
- beneficiar a personas con responsabilidades familiares.
El problema aparece cuando confundimos flexibilidad con disponibilidad permanente.
En México, la regulación del teletrabajo reconoce precisamente algunos de estos límites. La NOM-037 contempla el derecho a la desconexión, la privacidad, la conciliación de la vida laboral, familiar y personal, y establece que los derechos de quienes trabajan a distancia no deben ser inferiores a los de quienes trabajan presencialmente. Incluso establece que no deben utilizarse mecanismos invasivos para verificar la disponibilidad o conexión de las personas trabajadoras.
Esto es importante. Porque significa que el problema no es imaginario. La propia regulación reconoce que existe una tensión entre:
supervisar el trabajo
y
respetar la privacidad de quien trabaja.
05Pero entonces aparecen los datos
Cuando un trabajador estaba físicamente en una oficina, el supervisor podía verlo. Ahora puede estar a cientos de kilómetros.
Entonces aparece una nueva posibilidad: si no puedo verte, puedo medir tu actividad.
- cuánto tiempo estás conectado;
- qué aplicaciones utilizas;
- cuándo inicias sesión;
- cuánto tiempo permaneces inactivo;
- qué tareas realizas;
- cuántas llamadas tienes;
- cuánto produces.
Y aquí comienza una transformación mucho más profunda. Porque dejamos de evaluar únicamente el resultado del trabajo. Comenzamos a convertir el trabajo en datos. Y aparece otra ecuación:
Estar conectado no significa necesariamente estar trabajando. Estar frente a una computadora no significa necesariamente estar produciendo. Y estar inactivo durante diez minutos tampoco significa necesariamente que una persona no esté trabajando.
A veces una persona está:
- pensando;
- leyendo;
- analizando;
- cuidando;
- resolviendo un problema;
- o simplemente haciendo un trabajo que no puede medirse en clics.
06Y entonces llega la inteligencia artificial
Hasta aquí podríamos hablar simplemente de digitalización. Pero hay algo que está cambiando el escenario: la inteligencia artificial.
De las empresas participantes en México ya utilizaba IA
La había integrado ampliamente en procesos clave
Había capturado un valor económico significativo
Mexico AI Pulse, Endeavor (2026)
Esto nos dice algo importante: la IA ya está entrando a las organizaciones, pero todavía estamos aprendiendo qué significa realmente integrarla.
Y aquí es donde la conversación sobre trabajo se vuelve mucho más interesante. Porque la IA no solamente puede ayudarnos a escribir un documento. Puede:
- analizar información;
- clasificar;
- predecir;
- detectar patrones;
- apoyar procesos de selección;
- evaluar desempeño;
- asignar tareas;
- recomendar decisiones.
Y aquí aparece algo que la Organización Internacional del Trabajo denomina gestión algorítmica: sistemas que utilizan datos para organizar, asignar, supervisar y evaluar el trabajo. Algunos utilizan inteligencia artificial. Otros funcionan mediante reglas más simples. Pero la lógica es la misma: parte de las funciones que antes realizaba un supervisor pueden comenzar a ser realizadas por sistemas tecnológicos.
07Aquí es donde la discusión cambia
Porque la pregunta ya no es solamente:
¿Dónde trabajas?
La pregunta empieza a ser:
- ¿Quién organiza tu trabajo?
- ¿Quién decide si tu desempeño es suficiente?
- ¿Qué datos utiliza para determinarlo?
- ¿Quién diseñó ese sistema?
- ¿Qué considera productividad?
- ¿Qué comportamientos penaliza?
- ¿Qué pasa cuando se equivoca?
Y todavía hay una pregunta más incómoda:
Porque una persona puede explicarnos por qué tomó una decisión. Un algoritmo puede producir una puntuación. Pero una puntuación no necesariamente explica una vida.
08Aquí aparece el problema social
Imaginemos a dos personas trabajando desde casa. Las dos están conectadas ocho horas.
- Tiene una habitación exclusivamente destinada al trabajo.
- Puede cerrar la puerta y concentrarse.
- Tiene internet estable.
- Puede desconectarse al terminar su jornada.
- Trabaja en la mesa de la cocina.
- Tiene que atender a una persona dependiente.
- Comparte conexión con toda su familia.
- Sigue respondiendo mensajes mientras prepara la cena.
Ahora imaginemos que ambas son evaluadas por el mismo sistema de productividad.
¿Estamos midiendo productividad?
¿O estamos midiendo también las condiciones sociales desde las cuales cada persona puede trabajar?
Ese es el punto que no podemos perder cuando hablamos de inteligencia artificial. Porque un algoritmo puede ser técnicamente sofisticado… y aun así estar tomando decisiones sobre una realidad social profundamente desigual.
09El problema no es que la IA sea inteligente
El problema es qué hacemos con esa inteligencia.
La OIT advierte precisamente que los sistemas de IA utilizados en recursos humanos pueden enfrentar problemas relacionados con objetivos mal definidos, datos sesgados y sistemas poco transparentes.
Y esto nos obliga a abandonar una idea muy cómoda: que una decisión tecnológica necesariamente es una decisión objetiva.
No. Un sistema aprende de datos. Los datos vienen de una realidad. Y la realidad contiene desigualdades. Por eso:
Y también:
10¿Entonces la IA es el enemigo?
No. Y creo que sería demasiado fácil decirlo.
La inteligencia artificial puede reducir tareas repetitivas. Puede ayudarnos a procesar información. Puede ampliar capacidades humanas. Puede facilitar el trabajo.
La propia investigación de la OIT señala que, en muchos casos, la IA generativa tiene más posibilidades de complementar y transformar tareas que de provocar una sustitución completa del empleo.
Por eso el debate no debería ser:
IA sí o IA no.
La discusión es mucho más profunda. Es:
- ¿qué vamos a automatizar?
- ¿qué vamos a delegar?
- ¿qué decisiones seguirán siendo humanas?
- ¿qué derechos tendrán las personas frente a una decisión algorítmica?
Y sobre todo:
11El futuro del trabajo no es solamente remoto
Tal vez hemos estado haciendo la pregunta equivocada. Pensamos que el futuro del trabajo sería: oficina o casa. Presencial o remoto. Híbrido o virtual.
Pero quizá la transformación real sea otra. El futuro del trabajo podría ser un espacio donde convivirán:
Y entonces la discusión laboral tendrá que incorporar algo que antes no estaba en el centro: la arquitectura tecnológica que organiza nuestro trabajo.
Porque cuando una empresa utiliza un sistema para seleccionar personas… cuando un algoritmo ayuda a determinar horarios… cuando una plataforma asigna tareas… cuando una herramienta analiza productividad… cuando una IA participa en una decisión laboral… la tecnología deja de ser solamente una herramienta.